El rol de los abogados ha evolucionado en el entorno empresarial contemporáneo, pasando de ser simplemente asesores en materia legal a convertirse en socios estratégicos que impulsan el crecimiento y la competitividad de las empresas. La necesidad de los clientes de recibir asesoramiento legal ha sido superada por la demanda de una gama más amplia de servicios, entre los cuales se encuentran la reestructuración del modelo operativo legal, el uso de nuevas tecnologías para mejorar la experiencia del cliente e, incluso, la implementación de técnicas comerciales para la expansión del negocio[1].
Actualmente las estrategias que los abogados están llamados a implementar deben alinearse necesariamente con los objetivos de la empresa y, por ende, ser conocidas, analizadas e implementadas por ellos, de tal suerte que los abogados deben tomar decisiones informadas y proactivas para anticipar y mitigar riesgos, sin dejar de lado la necesidad de enfocarse en reducir costos y maximizar beneficios, impactando directamente en los resultados financieros.
Aspectos como la reputación de las empresas pasan a ser el producto de un trabajo en conjunto, que adicionalmente le exige a los abogados pensar en la creación de programas de cumplimiento que más allá de evitar sanciones (como tradicionalmente se espera), contribuyan al fortalecimiento de la confianza de los inversores, de los clientes y de los grupos de interés.
Dominar el marco legal es tan importabte como el desarrollar una profunda comprensión del negocio de los clientes, especialmente en el ámbito corporativo. Conocer un poco de todo y aplicar ese conocimiento para evaluar riesgos, identificar oportunidades, y analizar su viabilidad es esencial para abordar los desafíos con una visión integral y contextual, convirtiéndose así en socios estratégicos indispensables e irremplazables.
Por otro lado, la calidad de la experiencia del cliente se está convirtiendo en un diferenciador clave, superando incluso el conocimiento jurídico tradicional. Aquellos abogados que son capaces de aportar un valor agregado, como el uso de nuevas tecnologías o la interdisciplinariedad que les brinda un segundo título, maestría o especialización en áreas como economía, psicología, marketing, comunicaciones, entre otros, son un factor decisivo para que una organización opte por contratarlos.
Otro gran requerimiento que plantea el entorno empresarial es el de la comunicación, cada vez es más frecuente escuchar a los clientes solicitar a los abogados que se expresen en un lenguaje accesible, evitando ciertos tecnicismos. Aunque el lenguaje jurídico tradicional es preciso, puede resultar confuso. Es importante entender que esta adaptación no implica renunciar al rigor, sino ser más efectivos en la comunicación[2].
En conclusión, los abogados deben evolucionar para mantenerse relevantes en un entorno empresarial cambiante. Deben convertirse en socios estratégicos que combinan experticia jurídica con conocimiento empresarial, integrando tecnologías y optimizando procesos para impulsar el éxito financiero de la empresa.
[1] https://kpmg.com/co/es/home/insights/2024/03/el-departamento-legal-del-futuro.html
[2] https://www.asuntoslegales.com.co/analisis/daniel-fajardo-2986112/los-abogados-en-el-mundo-empresarial-mas-que-asesores-somos-facilitadores-3736493