Escrito por: Salvador Darío Bergel*
Pasada revista a los temas más relevantes que presenta la genética en su vínculo con la bioética, podemos establecer algunas conclusiones que sirvan para definir el carácter y los límites de la intervención del derecho en este campo.
Una de las preguntas principales es cuál es el papel que cabe asignar al derecho. ¿Deben adaptarse las normas jurídicas al constante fluir de problemas y dilemas que presenta la bioética en este terreno tan sensible para el ser humano? La «adaptación» podría implicar que el derecho evolucione detrás de los progresos científicos, proporcionando conceptos y técnicas que permitan un determinado control social.
En este caso, como lo señala Lavaille, el derecho estaría colocado en el remolque de la ciencia, reducido a una función instrumental y vacío de referencias a valores. En esta postura positivista, el derecho evitaría la reflexión sobre el problema bioético, dejando la responsabilidad a los investigadores y quedando, en consecuencia, fuera del campo jurídico. Esto implica relegar al derecho a una función secundaria, meramente instrumental. El «bioderecho» se convertiría en un simple instrumento para gestionar las consecuencias sociales de los avances tecnológicos.
Sin embargo, es importante señalar que el derecho no debería agotarse en un contexto que lo degrada, viéndolo solo como un conjunto de reglas, categorías y técnicas. Más allá de esta función instrumental, el derecho expresa los valores fundamentales de una sociedad. Cuando una norma jurídica prohíbe la terapia génica en línea germinal, la experimentación con embriones o la clonación reproductiva humana, no solo regula situaciones novedosas en el campo de la ciencia, sino que también refleja los valores de una sociedad en un momento dado.
La bioética y el derecho deben avanzar conjuntamente para que los derechos fundamentales del ser humano no se conviertan en letra muerta, arrastrados por una revolución científica que progresa a gran velocidad. Cuando nos acercamos al mundo de la nueva genética y su multiplicidad de problemas, es crucial considerar los derechos humanos como guía y faro que ilumina el debate social y orienta sus decisiones.
Todo lo relacionado con la genética humana toca la dignidad humana y, por ende, los derechos humanos, que buscan proteger este valor supremo. Desde hace medio siglo, la problemática de la bioética se ha entrelazado con la de los derechos humanos. Hoy en día, emergen nuevos derechos, algunos ya consolidados y otros en desarrollo, tales como el derecho a la protección del genoma humano, a la autodeterminación genética, a la privacidad genética, a la no-discriminación por razones genéticas y al consentimiento libre e informado para estudios genéticos. Estos derechos conforman una nueva dimensión de los derechos humanos, adaptándose continuamente para proteger la dignidad y libertad del ser humano en respuesta a las demandas y necesidades actuales.
El desafío actual es que el avance de las tecnociencias no afecte los derechos fundamentales del individuo ni su dignidad. En esta tarea, la bioética y el derecho tienen mucho que decir y hacer. Una sociedad madura espera no permanecer al margen de debates fundamentales que afectan su presente y el mundo en el que vivirán las futuras generaciones.
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